dijous, 23 de febrer de 2012

CAMPANES


Como dicen los Beatles en su copla "Those were the days my friend".



Fue en 1956 cuando se inauguró el reloj del campanario, un acontecimiento muy festejado por todo el pueblo. Olesa de Bonesvalls en aquellos tiempos era un pueblo de escasa población formada por el núcleo central y el medieval barrio del Hospital, dedicado principalmente a la agricultura, al pastoreo, la fabricación de cal en pequeña escala y a la selvicultura. Hoy todavía dan fe de ello algunos hornos de cal abandonado, los numerosos bancales construidos piedra a piedra repartidos por todo el municipio, así como la existencia de abundantes cabañas de piedra seca, recogidas en un interesante libro tras un laborioso trabajo.
Todo ello da idea de cómo ha sido de dura la vida en este pueblo y lo que podía representar para sus habitantes carentes de comodidades, la instalación del reloj de la iglesia que ha rendido un servicio primordial durante su existencia dando las horas y otros multiples toques de llamada para informar a los vecinos de acontecimientos importantes.
El señor Mariano Tutusaus que fue un alcalde enamorado de su pueblo, puso Olesa en el mapa, haciendo construir una serie de necesarias infraestructuras. Entre las más destacadas, fue dotarlo de la red de alcantarillado y llevar el agua corriente a las viviendas, instalaciones de las que el pueblo carecía absolutamente y que a posteriori puede parecer sencillo. A partir de ahí, unido al encanto natural del lugar y la cercanía a importantes poblaciones ha propiciado la llegada de numerosos nuevos habitantes.
Este reloj ha sido mutilado, ahora solo le dejan marcar 14 horas diurnas y las medias correspondientes, de las 24 del día, han roto el encanto nocturno, pisoteando el patrimonio y derechos de 300 vecinos que firmaron la protesta, mas otros incuantificables que habían firmado en varios folios completos que fueron sustraídos de un comercio del pueblo, no se sabe con qué fin ni por quién, aunque pueda sospecharse.
La denuncia anti campana ha sido interpuesta por un par de nuevos vecinos al parecer muy sensibilizados con los toques campaniles. El problema que tienen estos vecinos no se pueden atribuir a las campanas; ellos son el problema, no se han adaptado al pueblo que ellos han escogido libremente y son los únicos responsables de su decisión de comprar una vivienda con el campanario encima y de un egoismo total hacia el resto de sus convecinos al querer imponerse y privar al pueblo de esos toques con los que SI disfrutan. Hay que recordar que el reloj fue adoptado y costeado por todos vecinos. Más de medio siglo después, de espaldas a estos vecinos, el reloj es silenciado con nocturnidad y sin aviso previo, con la cooperación necesaria de nuestro eficiente señor Alcalde, tan aficionado él, a rasgarse las vestiduras hasta enseñar las vergüenzas cuando dirigía la oposición. Parece que ahora, por declaraciones leídas en el semanario "3 de 8", del 17 de febrero último, echa pelotas fuera lavándose las manos y se desentiende del asunto campanero, despreciando las alternativas dadas por el "Síndic", que no era precisamente silenciar totalmente las campanas.
Evidentemente se han equivocado tanto el alcalde, por no saber defender los derechos de los vecinos del pueblo a los que se debe y además cobra bien, como de los nuevos vecinos que invirtieron su dinero en una casa que a juzgar por los hechos no está situada en el lugar mas idóneo para la sensibilidad de sus oídos. Es obvio pero hay que decirlo.
Vicente Serra.

dimarts, 9 de març de 2010

VIAJE A CHEQUIA: ENTRADA EN ESCENA





El 23 de noviembre del 2001 aterrizaba con mi esposa en Praga para hacer una visita por mi cuenta de 3 días, ilusionado por conocer un nuevo país, de los situados tras el antiguo telón de acero. A la llegada al aeropuerto, me entregaron un tríptico del Alcalde Mayor de la Capital de Praga, dándome la bienvenida y explicando lo bien que lo estaban haciendo y lo bien que me lo podía pasar. Al día siguiente nos aprestábamos para sacar el máximo rendimiento al viaje. Utilizamos el tranvía como vía de transporte más idónea en aquella época. Estábamos advertidos y preparados contra los carteristas y demás gente de mal vivir, pero no para ser estafados por empleados de la propia compañía de tranvias. En la ventanilla de metro de Staromestka, adquirí 2 billetes de tranvía, me devolvieron 40 kc. de menos. Cuando le hice notar la diferencia al taquillero se puso a gritar y a burlarse con un grupito de empleados que se hallaban en el mismo habitáculo. Ante esa circunstancia le pedí en inglés el libro de reclamaciones, se puso furioso señalándo las escaleras de salida y amenazándo con llamar a la policía. Vista situación y la cuantía del timo (1,28 eu.) salí por aquellas mismas escaleras a la calle muy incomodado por el trato y la indefensión. Decisión por la que me felicitaron desde el consulado español a posteriori, pues podría haberme supuesto unos días en la cárcel. Hay que señalar que en la época existían 2 clases de billetes, uno que valía 9 czk. y te daba opción a un solo viaje y otro de coste 12 czk. para utilizar dos viajes dentro de 90 minutos.


Después de esta primera incidencia menor y muy molestos, cogimos el tranvía a Mala Strana, donde tienen su mal llamada torre Eiffel y excepto la vista panorámica, nada mas que ver. Volvimos sobre nuestros pasos para aprovechar el billete validándolo por 2ª vez dentro del tiempo estipulado de 90 minutos. En una parada intermedia a nuestro destino, el tranvía bastante lleno, subieron 2 individuos y mientras fuimos callados mi esposa y yo, no pasó nada, pero cuando abrimos la boca para hacer un comentario haciendo patente nuestra condición de extranjeros, se nos dirigieron mostrándonos unas enormes placas de latón reluciente y en su idioma y con voz fuerte nos pedían algo que no llegábamos a entender, por el factor sorpresa y lo extraño de su idioma para nosotros. Aquellos cortos segundos se hicieron eternos y con peores modales y voz alta nos volvieron a exigir, al final nos estaban pidiendo los billetes, que una vez en sus manos empezaron a vociferar y apabullarnos como si fuéramos delincuentes de tal forma que todo el tranvía nos miraba y nosotros flipando como se dice ahora porque seguíamos sin entender nada, el individuo que nos machacaba exigiéndonos el “pasport - polizai". Una vez el pasaporte en sus manos se lo metió en el bolsillo, continuó amenazado blandiendo el móvil en la mano haciendo mención a la polizai. Se bajaron del tranvía con nuestros pasaportes y nosotros a empujones detrás y la numerosa gente de la parada mirándonos. Los energúmenos no tenían ningún interés en entendernos, con sus formas lo dieron a entender. Después de acoquinarnos en público y ante mi insistencia y con gestos dijeron que yo había validado el billete dos veces, lo cual si bien era cierto, estaba dentro de los 90 minutos de validez estipulada como quedaba reflejado en los propios billetes y de obligado cumplimiento en Barcelona. Pero allí en Praga solo se valida la primera vez y no la segunda. De nada sirvió tratar de hacerles comprender este argumento y que el billete estaba utilizado dentro del tiempo autorizado, que era un error y que la intención no era defraudar y que no maltrataran y si teníamos que pagar lo haríamos. Efectivamente tuvimos que pagar. En mi mano el dinero 800 coronas que nos pidieron y en la mano de uno de los sinvergüenzas los pasaportes. Cuando cogieron el dinero soltaron los pasaportes, tratando de esfumarse rápidamente de la escena, sin dar el preceptivo resguardo, que era lo que perseguían. Vista su intención de ganarse un extra y ya en posesión de los pasaportes me planté delante del mocetón exigiéndoles un comprobante del pago, no dejándoles avanzar entre todo el cacao de gente y ellos tratando de esfumarse, finalmente me dieron 2 doklad o zaplacení prirázky, resguardo oficial de la compañía de tranvías de 400 coronas cada uno.

Al día siguiente fui hasta el Ayuntamiento para hablar con el alcalde y denunciar el hecho, me recibió una secretaria que manifestó que eso era habitual en Praga y que ella misma sentía vergüenza ajena, pero que no se podía hacer nada.

Le pedí la dirección exacta del alcalde de Praga para hacerle llegar mi queja, la dirección de DNES el diario más importante de la ciudad, de Dropavní Podnik hl. m. Praga, compañía de tranvías.

El 3 de diciembre le escribí una amplia carta al Alcalde exponiendo el caso, con copias para el sr. (tal) Presidente de Chequia, copia para la compañía de tranvías, copia para DNES, diario de Praga, copia para La Vanguardia, copia para la Embajada Española en Praga, copia para la Embajada Checa en Madrid y copia para la oficina de Turismo de la República Checa en Madrid.

La respuesta de la compañía de tranvías la Dopravni podnik hl. m. Prahy con fecha 1-02-2002, firmada por el Jefe de la sección de control de tráfico, fue una amplia carta en checo, tergiversando los hechos y echando pelotas fuera, según la traducción.

Mi respuesta fue:

“....Me refiero a su escrito de fecha 1 de febrero último. En su respuesta es oportuno aclararles, para que no se confundan ni me confundan, que el nivel informativo de Praga puede ser correcto y nada que comentar sobre el reglamento de los transportes municipales, pero sí de los que lo aplican a su manera y que son los que han creado el incidente que nos ocupa, que ahora mienten como bellacos, se arrugan y niegan, les va a crecer la nariz como a “Pinocho”. El comportamiento, grosero y vejatorio hacia mi esposa y mi persona, del par de cretinos amparados en placas, que nos abordaron en el tranvía, seguro que no lo recoge el reglamento de transportes. Ni aquel día debieron comportarse como lo hicieron, ni ahora, tendrían que bajarse los pantalones diciendo mentiras, ni vds. ni yo nos estaríamos cruzando estas cartas.

Señor (fulano de tal), en mi país España, no se hace prácticamente nada con 12 czk. o equivalente en euros. Tengo 64 años y no fui a Praga para no pagar el tranvía, sino teóricamente a pasármelo bien. A pesar de mi inicial ignorancia respecto al sistema de transportes, noten, que si utilicé los billetes dos veces, lo hice dentro de los 90 minutos autorizados por el reglamento (tengo los billetes donde queda constancia de la hora de las validaciones). No se debe maltratar a nadie por tal error (en Barcelona es lo correcto) hay que ser más tolerantes, si bien la ignorancia no exime la responsabilidad. Por ello, estuve de acuerdo en pagar la multa, cuando el más joven que llevó la voz cantante, dejó de acosarme.

Señor (fulano de tal), a vd. se lo han contado y yo estaba allí. Se lo explico de nuevo, el elemento más joven, me solicitó los billetes, cuando los vio, automáticamente me pidió los pasaportes, en voz alta nombro varias veces a la policía, que luego volvió a repetir amenazadoramente varias veces a lo largo del suceso (como si fuera un delincuente) además de otras palabras. Me arrancó los pasaportes de la mano y se los metió en el bolsillo nombrando policía, policía. En ese momento yo no sabía lo que sucedía y solo quería perder de vista aquel energúmeno que se bajaba del tranvía, diciendo cosas en voz alta, con mis pasaportes en el bolsillo. El tranvía bastante lleno, mi esposa intentando bajar en la parada de Starometska llena de gente aquella hora, fue un atropello y un espectáculo bochornoso. Y repito que nunca me negué a pagar como usted indica. Sus inspectores tuvieron en sus manos los billetes y pudieron constatar fehacientemente y concretamente fecha y hora y vds. dicen

“.... los revisores habrían aplicado un procedimiento mas tolerante en caso de poder verificar en los billetes algún dato concreto (fecha hora). No fue así y por eso tenían derecho a poner una multa a los dos....”

Su cinismo es solo superado por su propio cinismo.

ANOTE SR. (fulano de tal) Y LO RESALTO EN MAYÚSCULA, que fui yo quien le tuve que pedir los justificantes de pago o “doklad o zaplaceny prirazky” solo entonces fue cuando los extendieron y que todo eso que manifiestan y vd firma, no se atreverían a decírmelo a la cara.

A pesar de su manifiesta gran atención al control de tráfico, parece que tienen vds. problemas para controlar aciertos revisores, que van por libre. En la práctica son vds. los responsables por el cargo que ostentan y el sueldo que cobran y deberían estar mas implicados en el control efectivo, haciendo un verdadero seguimiento, que evite los abusos, vds. tienen que saber quienes son y quienes van a buscar un sobresueldo.

También quiero dejar constancia de la actitud de desprecio manifestado - por el inspector más joven – contra España los españoles y su idioma. Del taquillero sinvergüenza que, me estafa con el cambio en la ventanilla del metro, encima de reirse en mi cara junto a otros colegas, me amenazó también con llamar a la policía, si no me iba por las escaleras que señalaba.

En cuanto a la forma que han cerrado el caso, me trae sin cuidado, aunque era de esperar, sus ciudadanos y visitantes, son los que tienen que apechugar con esa clase de elementos faltos de personalidad y sentido común, que se crecen con los que consideran inferiores y se bajan los pantalones con sus superiores y se rebajan hasta mentir cuando les pillan en falta. Da la impresión que comerse a una persona cruda, en su país, es lo más normal y que las prácticas represivas no han desaparecido. Dan mala fama, ni Chequia ni Praga se pueden permitir a limitados mentales acostumbrados a maltratar con impunidad – amparados por el reglamento – a las personas que van ahí a gastarse el dinero. No creo que el presidente de su país, el alcalde de Praga, ni cualquier persona con dos dedos de frente aprueben estas prácticas. A mí no me volverán a ver a no ser que invadan España, quédense con su bonita Praga. Su país no se llama ahora Checoslovaquia y el telón de acero ya no existe, pero solo han cambiado los nombres. La “nomenklatur” sigue ahí enquistada como siempre, dando con la hoz y el martillo, esa es la impresión que dan esa gente. Lo siento por los checos de a pié.

Mi señora y yo también hemos cerrado el caso, he comentado el suceso con alguno de mis amigos y hemos llegado a la conclusión que a vds. aun les queda algunos años para sacudirse el síndrome de Moscú. Quien nace lechón muere gorrino. Lo que hago constar en mi nombre y en homenaje a las miles de personas, checas o extranjeras, que han sido injustamente y arbitrariamente maltratadas por su grey de inspectores, cuyos casos no han salido a la luz.

Por último comunicarles, que me reservo remitir todo este expediente al Defensor de los Derechos Humanos, en Bruselas.

Con copias para el Presidente de Chequia. DNES, La Vanguardia, Alcalde de Praga etc.

El día 10 de mayo del 2002 recibía una carta en inglés del Ingeniero General manager que entre otras cosas acababa así su escrito:

“ .. Despite your arrogant and offensive way of diction I have decided to refund the sum you paid (i.e. 2 x CZK 400.-) during the incident. I hope you will take this gesture as a manifestation of good will on the part of our company…”

Mi respuesta fue la siguiente:

“...Me refiero a su atto. escrito de fecha 10 de mayo último recibido el día 2 de junio y agradezco su gentileza al devolverme el importe de CZK 800, por la sanción que fui objeto el pasado 25 de noviembre en Praga. Sobre el particular ya me he puesto en contacto con el (señor tal) de la Embajada Española, en Praga, para que disponga de esa cantidad y la destine a alguna obra de caridad en esa ciudad. Por lo que agradeceré se ponga en contacto con el mismo teléfono 02 24311441 – calle Pevnostni 9 Praga, a los efectos oportunos.

Aprovecho la oportunidad para comentarle, que las principales reglas para tratar con el público son: respeto, educación y el sentido común.

Los reglamentos se deben respetar siempre, hay que comprar los billetes, cual era mi caso, y pasar los semáforos en verde. No creo que toda su plantilla de empleados actúen de igual forma, y, convengo con vd. que tiene empleados decentes y de buena fe, pero también sabe que en su amplio “staff” tiene ovejas negras.

Mi único error fue ir a Praga. Comprar 2 billetes de czk 12, con un plus de czk 40, que me cobraron de más al comprarlos, y pasarlos por la canceladora 2 veces dentro del tiempo autorizado, o sea 90 minutos, parece ser motivo suficiente y normal para que 2 inspectores nos maltrataran y nos aguaran nuestra estancia en Praga, amparándose en la normativa, cuya autoridad moral perdieron por abuso de autoridad y amenazas. Estos son los elementos que dan mala fama a un colectivo, a una ciudad y una nación. No tengo ninguna aversión a los checos, excepto a los sinvergüenzas y si todo el derecho a defenderme, como seguramente hubiera hecho vd. Por ello he tratado de explicar verazmente lo ocurrido aunque no le guste, como a mí tampoco me gustaría si me hallara en su lugar.

Agradezco la amabilidad de su contestación en inglés, idioma mucho más inteligible para mí y doy por zanjado este asunto. Reciba un cordial saludo.

A principios de junio del 2002, recibía en mi domicilio un giro postal por euros 25,58 el equivalente de 800 coronas checas, procedente de la Dopravni podnik hl. m., Prahy.


dimarts, 2 de març de 2010